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domingo, 25 de enero de 2015

Se quedó entre la masa blanda, como las malas pulgas arraigadas.

Qué angustia repentina.

Agonía interna, que quema desde dentro, que paraliza los huesos y congela las ideas.
Produce un prolongado escalofrío que reconcome los pensamientos. Una especie de ansia por huir, llorar y gritar ante algo desconocido.
Algo irreal pero que hunde en la congoja, como un peso en el agua.

Repentina garganta seca, piernas tambaleantes y un corazón irrefrenable en punto muerto.
Por más que mires a otro lado, ¡qué insistencia!
¡Cuánta fuerza por volver, por meter el dedo en la herida, por tirar jarras de agua fría!

Cuando parece haber desaparecido, ya es tarde.
Quedó la semilla de la duda, burbujeando entre la masa blanda.
Una vez entra, ¡cuánto, cuantísimo, le cuesta huir del cráneo!

Qué angustia tan prolongada.