lunes, 1 de junio de 2015

Reseñando experiencias: Jose Manchado Fotógrafo

[Fotografías de Jose Manchado, no usar sin su consentimiento]

Lo primero que debéis saber, mientras leéis ésto, es que nunca en mi vida había posado en una sesión, para un fotógrafo profesional. Hablo desde la más nula experiencia y por eso voy a centrarme en muchos aspectos. Como dijo Jack el Destripador, "vamos por partes".

Jose puede parecer excesivamente profesional (vamos, muy seco) si tratáis con él vía internet y un poco más natural si acordáis una cita por teléfono. Digo ésto porque entre lo que os encontráis en ese momento, comparado con el trato cara a cara, hay un mundo. En su página se publicita de éste modo: 
"Este es un estudio de fotografía especializado en actores, modelos y sobre todo en gente normal que le gusta verse bien en las fotos. Intento que las sesiones sean una experiencia divertida, creativa y diferente por eso siempre estamos innovando."
Sin duda alguna es un hecho: son sesiones divertidas, sin nada de frialdad. Deja de lado un sistema de compra-venta de producto (donde fotógrafo y fotografiado son dos objetos con una relación casi nula). Como "gente normal" que soy, puedo decir que Jose pone las cosas muy fáciles: no sólo te ayuda a la hora de posar, sino que además intenta que estés cómodo y buscar la imagen con la que vayas a verte como deseas en una foto. 

Después de hablar del fotógrafo, voy a informaros sobre el sitio. El estudio se encuentra en C/Olite, nº 40: un garaje remodelado para disponer del espacio fotográfico, un almacén y un cambiador/espacio de maquillaje. Es muy fácil llegar allí (a menos de 5' desde el metro de Alvarado, línea 1 de Metro). Al ser un antiguo garaje, hace bastante calor, sin embargo hablad con Jose sin problema sobre ello, ya que encenderá corriendo un montón de aparatos de ventilación si lo necesitáis. Fuera de todo formalismo debo decir, para si algún interesado acude, que no se asuste por el desorden. Hay muchísimo material y, cuando debes hacer uso continuo de éste, está por todas partes. Pero ésto no supone ningún tipo de problema a la hora de trabajar. 

Por último voy a hablaros la edición de las fotografías. Esta parte es algo dura para mi, ya que PERSONALMENTE aborrezco el "photoshopeo" de la realidad. El fotógrafo siempre editará las fotografías finales de la sesión para dejaros "très chic". Trabaja sorprendentemente rápido en la edición, puesto que procura que al tomar la fotografía quede lo mejor posible para evitar tiempo de PS. Para que os hagáis una idea subiré la comparativa sin editar/editada. Para poder ser consciente del cambio en la edición (si no hay falta de tiempo), nos sienta a su lado mientras trabaja con agilidad y así poder ir opinando respecto a los cambios. Eliminar sombras, eliminar granitos/rojeces, disimular imperfecciones, destacar los ojos con más brillo, subir/bajar luces y contraste ¡y a tu pendrive! De la cocina a la mesa, señores.

Ha sido una experiencia muy entretenida y he salido muy contenta con las fotografías. Espero que os haya sido de utilidad la información y, que si decidís acudir a él, os sintáis tan cómodos como yo. 

[Fotografías de Jose Manchado, no usar sin su consentimiento]

sábado, 7 de marzo de 2015

El punto y final de todo libro

Tomó aire con una sonrisa de las reales, de las que no necesitan ser rebuscadas. Se despidió con suavidad pero con la misma proporción de firmeza; llegó a plantearse mirar atrás una última vez y poder repetir un último "Adiós". No, eso no tenía ningún sentido. Por eso mismo sonrió con inusitadas ganas antes de girar sobre sus talones y dar la espalda.

Había dicho poco, pero lo necesario; reflexionó sobre ello durante un instante. Siempre hay que valorar los detalles: al hablar, al escribir o incluso al mirar. Lo propicio es la moderada perfección de cada acto, siendo ésta una acción muy pequeña, mejor cuanto más pequeña. Era como prender un broche en la camisa, para dar un aire de distinción a través de algo tan pequeño que te cabe en la palma de la mano.

Con esa pequeña percepción abrió la puerta. Era tan pesada que solía agarrarla siempre con fuerza, pero aquella vez parecía excesivamente delicada. Pasó por entre las jambas de la puerta y observó todo embobada, como si todo fuese nuevo, precisamente por la cotidianidad que le evocaba. Echó la mano a su espalda, evitando que la puerta cerrase estrepitosamente. Agarró el pomo y guió la gran tabla de madera hasta su posición natural. Sólo una vez estuvo completamente cerrado aquel lugar, oculto tras ladrillos anaranjados y una gran puerta de madera clara, se permitió mirar hacia atrás.

Soltó el dorado pomo en lo que le pareció una acción ralentizada. Todo pasó como debía: el tiempo ni se detuvo ni se aceleró, pero la situación estaba cargada de ficticio estatismo. Igual que cuando cierras un libro tras leer la palabra previa al punto final. No había disfrutado tanto de un instante en mucho tiempo. Lo saboreó precisamente por o soso del momento, por la importancia que tenía aún en un marco tan cotidiano, por la grandeza de su simplicidad.

Fue un segundo tan cargado de un todo contradictorio y lleno de sentimientos, pero no dudó avanzar el pie izquierdo y proseguir su camino con una sonrisa. "Qué curioso" pensó para sí, realmente sorprendida "Siempre comienzo a caminar con el pie izquierdo. Quién diría que es una mala expresión". Caminó cuando quería correr, sonrió en lugar de gritar y disfrutó mirando al despejado cielo, en vez de observar el entorno en exceso común.

Era el cierre de tema de un libro demasiado tiempo escrito hasta la mitad. De esos que dejas de lado con promesas como "ya queda poco para acabar, mañana continuaré". Promesas que el propio escritor escupe como falacias. Pero olvidaba siempre coger pluma y continuar, guiado por esas mentiras. Pero por fin llegó a este triste, a la par que aliviador, punto final: algo grande que termina, pero que deja un sabor dulce tras saber cómo acabó.

domingo, 25 de enero de 2015

Se quedó entre la masa blanda, como las malas pulgas arraigadas.

Qué angustia repentina.

Agonía interna, que quema desde dentro, que paraliza los huesos y congela las ideas.
Produce un prolongado escalofrío que reconcome los pensamientos. Una especie de ansia por huir, llorar y gritar ante algo desconocido.
Algo irreal pero que hunde en la congoja, como un peso en el agua.

Repentina garganta seca, piernas tambaleantes y un corazón irrefrenable en punto muerto.
Por más que mires a otro lado, ¡qué insistencia!
¡Cuánta fuerza por volver, por meter el dedo en la herida, por tirar jarras de agua fría!

Cuando parece haber desaparecido, ya es tarde.
Quedó la semilla de la duda, burbujeando entre la masa blanda.
Una vez entra, ¡cuánto, cuantísimo, le cuesta huir del cráneo!

Qué angustia tan prolongada.

domingo, 5 de octubre de 2014

Saltó fuera de la realidad

Ya no hay motivo para sentir ser especial, ni siquiera para creerse uno más.
Se saca de cualquier oración y su presencia brilla por su ausencia. 
Dejar de aparecer en el más recóndito pensamiento, ni siquiera para menospreciarlo en comparación a otros.

Qué olvido más minúsculo...
...pues realmente no se encontraba en ninguna parte.