ROJO PRESIÓN
Los calambrazos de las piernas al ponerse de pie, no eran nada comparado con lo otro. El cuello le chascaba de la tensión. Sentía una punción en la rabadilla. Tenía dolor de cabeza. Pero lo más grave era el pecho. ¿Por qué narices se quedaba sin aire? Quizá era de tanto tiempo mal encorvada. Las costillas debían presionar de más los pulmones y el corazón.
Se levantó, ya casi sin aliento y se estiró cuanto pudo. Notó el aire viciado de la habitación correteando por sus pulmones... y un pinchazo más fuerte en el corazón. Se llevó la mano ahí donde la dolía. Respiró tranquilamente. El dolor remitió, pero los latidos iban más rápidos de lo que deberían.
Cerró los ojos. No necesitaba a nadie, estaba sola y sabía que debía hacerse más fuerte.

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