jueves, 6 de diciembre de 2012

Mirar cada poco a su espalda

ROJO PRESIÓN

Llevaba tantas horas en la silla que no sabía cómo cojones colocarse. El cuerpo estaba entumecido y tenía la vista cansada del largo tiempo frente al ordenador. Se había levantado pronto, aunque no hacía falta. Hacía mucho que no recordaba sus sueños, pero la pesadilla de hoy la hacía mirar cada poco a su espalda.

Los calambrazos de las piernas al ponerse de pie, no eran nada comparado con lo otro. El cuello le chascaba de la tensión. Sentía una punción en la rabadilla. Tenía dolor de cabeza. Pero lo más grave era el pecho. ¿Por qué narices se quedaba sin aire? Quizá era de tanto tiempo mal encorvada. Las costillas debían presionar de más los pulmones y el corazón.

Se levantó, ya casi sin aliento y se estiró cuanto pudo. Notó el aire viciado de la habitación correteando por sus pulmones... y un pinchazo más fuerte en el corazón. Se llevó la mano ahí donde la dolía. Respiró tranquilamente. El dolor remitió, pero los latidos iban más rápidos de lo que deberían.

Cerró los ojos. No necesitaba a nadie, estaba sola y sabía que debía hacerse más fuerte.

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