martes, 8 de enero de 2013

Historia de una fotografía [Macabro amor#02]

Tonos naranjas, marrones, rojizos y amarillentos, en definitivas: cálidos.

 Atardecía y el sol mostraba su máxima belleza a aquella hora. Se percibía una ligera brisa veraniega y se escuchaban olas en la lejanía. En medio de un campo yacía una chica, sobre las piernas de un muchacho. Cruzaban sus miradas. Hablaban con una inusual tranquilidad. Solo se oían murmullos, las olas y el viento.

  El tiempo pasaba y cada vez aquellos tonos del crepúsculo comenzaban a desvanecerse. Duraban muy poco, pero sus últimos instantes eran los más vivaces. Destacan la silueta de la masiva vegetación. Resaltan los brillos de la mar. Otorgan de un tono acogedor a la pareja, aún sentada. No se han movido desde hace varias horas.

  Ella sonríe, con su larga cabellera algo enredada alrededor de su relajado cuerpo, mientras observa al joven y a un objeto: una cámara. Él la mira, con una nota de desespero oculta tras el fondo de sus ojos. La chica toma una foto al horizonte y, al instante, ve el resultado en la pantalla. Sació su mente con lo que veía: los colores, el movimiento de los pájaros y los contrastes de luz. Rió levemente y torció el gesto un segundo.

- Esto es absurdo - dijo él, algo serio - para ya de hacer fotografías, vayamos a...
- Solo algunas más, no queda mucho para perder esta luz - dijo casi como una niña pequeña

  No pudo decir nada, ni siquiera sabía si debía mover las piernas, entumecidas de pasar un rato así, con ella apoyada en ellas. Justo en ese momento le miró, con sus pequeños e intranquilos ojos y, con el dedo índice, dio un golpe sobre la nariz de él. Se incorporó levemente y torció el tronco para mirarle. Por un instante el chico apreció un cambio en el risueño semblante de ella: dolor y algo de miedo. La atrajo hacia si con cuidado.

  Ambos titubearon sobre qué hacer. Él hundió su cabeza en el hombro de ella. Ella temblaba entre los brazos de él. Cada vez la luz se apagaba. Solo quedaba una leve llamarada de la luz que fue. Estaba llegando a su fin la vida del día. Llegaba la muerte con la noche. Tras unos segundos, fue la chica quien decidió separarse, con otra sonrisa en el rostro.

- Quiero fotografiarte ¿Puedo?
- Es la última - dijo él conteniendo la emoción

  La sonrisa se amplió en los carnosos labios de la muchacha. Agarró con decisión la cámara y llevó el visor a su ojo. Perfeccionó la nitidez, obtuvo el ángulo exacto y la luz precisa. El modelo posó, mostrando al objetivo el rostro más triste del mundo. Los ojos vidriosos de las lágrimas contenidas y una fina línea por boca. Sonó el disparo de la cámara, segundos antes de perderse plenamente la luz diurna.

  Y al igual que la luz se fue, la vida de ella también. Cayó lentamente, como si se tumbase, sin dejar de sonreír. La cámara captó el último segundo de vida de una persona, a través de otra. Él se lanzó a sus brazos. Desde hacía meses sabía que la iba a perder. Enfermedades degenerativas. No le consolaba saber que murió haciendo lo que le gustaba. No le consoló ver una sonrisa en el rostro de la amada. No le consolaba estar vivo.

 Todo quemaba. Todo molestaba. Todo entristecía.

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