sábado, 9 de marzo de 2013

06 de Marzo


La cortina de agua precipitaba sin preocuparse de los quehaceres de las  personas. El agua lo barre todo, tanto con ferocidad como con extraña calma. Reconfortaba, al igual que cuando se piensa en la ducha. Pero como todo, la lluvia cesa. Y cuando se va, deja un paisaje húmedo y decadente.

Mirar por la ventana no servía de nada. Solo era una excusa para centrar la atención en otra cosa y no pensar por unos segundos en el bullicio de la mente. Imágenes que se suceden a cámara rápida, flashbacks mezclados con deliciosas ensoñaciones y agrios miedos. Los dedos de los pies se esconden bajo el doblez de unos enormes pantalones y las manos deciden volverse tímidas bajo el amparo de las mangas del suéter. Todo tiembla en un cuarto demasiado estático e invariable. 

El sentido se perdió hace mucho y dejó un cómodo hueco al malestar. Pero este es ambicioso y no le basta con ese espacio: se remueve, se revuelve y abre grietas más profundas. Crea un nuevo "hogar" menos acogedor que el anterior. Todo se torna en una extraña vida paralela, que no sabes apreciar como algo malo, es un hecho que no recuerdas cuando comenzó; pasa a ser algo natural. Pero a veces, muy de vez en cuando, aparece algo que te saca de esa extraña monotonía.

"Eres un pilar para mucha gente. Mucha gente se habría derrumbado sobre su propia mierda si tu no existieras. No es justo que la columna se tenga que resquebrajar por el tiempo y que nadie mueva un dedo para restaurarla. Los que lo hacemos vemos que seguirá siendo un hermoso y bonito pilar para toda la vida, si el propio interior del pilar fuera abierto y reparado."

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