/yī wàn/
Todo se silenció entre sus brazos. El lejano, pero abochornante, vociferio junto con los ruidos propios de la calle se mezclaron para decidir apagarse. A pesar de seguir escuchando las repelentes voces, el cansino traqueteo de lo vehículos, los descordinados centenares de pasos y
diez mil detalles más, pudo sentir cómo la expresión "hacer oídos sordos" podía realizarse de forma inconsciente. Rezagada se acurrucó sin tapujos, con una tripa por almohada y unos brazos que la arropaban.
Cerró los ojos. No buscaba el sueño perdido a las ocho de la mañana, por el estrépito del despertador; reorganizó su mente para encontrar los
diez mil buenos gestos que había recibido. Abrió la boca con extrema lentitud y pensó por cada segundo un
"Pero cuánto te he extrañado".
Diez mil veces se lo repitió aunque ni una sola logró despegar la frase de sus desconchados labios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario