martes, 1 de octubre de 2013

El uno entre un millón

 仄经荫宫槐 
幽阴多绿苔
应门但迎扫 
畏有山僧来
El sendero está cubierto por las sombras de las sóforas
Húmedo y secreto por doquier el musgo verde
Alguien barre la entrada en señal de bienvenida
 Por si llega el monje de las montañas
 [宫槐陌] [Vereda de las sóforas]
Poemas del río Wang


Fue el famoso uno entre un millón, la ansiada mirada de soslayo y el fin de una mar agitado. 

Tendió su mano  con despreocupada gentileza y reconfortó el alma descarriada; mientras tanto, su otra mano sostenía un cigarrillo. Nunca le gustó que fumase, pero siempre se quedaba observando sin decir una sola palabra. Se perdieron por las excesivamente conocidas calles y encontraron la salida a casa con cada fin de conversación. 
Comidas, paseos, charlas y risas intentaban ser el resumen que abarcase el marco de su historia. No era la más importante del mundo, no era conflictiva, ni diseñada para Disney o producciones románticas de Hollywood. No eran ni el príncipe ni la princesa, tampoco el letrado y la joven bella. Dio la casualidad de que eran dos humanos que se cruzaron un día, en el juego de la vida. Tuvo lugar una irracional buena amistad. Surgió una pequeña sonrisa de medio lado en cada encuentro, al cabo de los años.
La tensión del arco. La preparación minuciosa, el contemplar cada detalle y recapacitar en largos debates si era lo que quería hacer. El nerviosismo, la dedicación de años para conocer al enemigo. Era la flecha recién lanzada en la dirección correcta y deseada.

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