Un banco solitario ha visto más sonrisas, suspiros y llantos de los que tú has sido consciente.
Un banco apartado, resguardado del bullicio cotidiano ha sostenido a los más desdichados y celebrado con los más dichosos.
Un banco enmohecido ha sido un lugar de reunión, al igual que el lugar de encuentro.
Un banco destruido es un recuerdo para muchos.
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