En qué época tan mala nos hemos metido. Las conversaciones con los allegados comienzan por contar cien penas por cada buena nueva. Ya sean problemas sociales o fantasmas personales Qué época tan mala estamos viviendo, ya sea por unas cosas u otras.
La puerta se abrió para dejar entrar desdicha e infortunio. Qué época tan mala, completa de rezagados, torturados y maleantes. Estamos estancados; no hay porvenir sin movilidad al avance. Quedan ya pocas ideas en el bote de reservas y las cavilaciones parecen cada vez más pesimistas.
Llegada inminente de un fin sin principio, de la caída sin el ascenso predecesor, del infortunio sin lucro base. Planes que no ven un desarrollo porque le falta el comienzo. Ligados a tantas obligaciones, a pesar de no tener trabajos que sustenten los deberes.
Qué época tan mala nos toca vivir, pero qué rica sabe acompañada de un café y charla. Aunque el sabor no es nada comparado con el sonido: risas familiares. Qué suaves parecen los golpes del día a día, cuando tienes compañeros con quienes recordar los buenos tiempos.
Cómo olvidarse de las sonrisas y los mofletes sonrojados de una buena carcajada. El olor a viejos tiempos dejará de lado la peste causada por sufrimiento; de la que se respira en cada esquina en esta época. ¡Menuda época! Pero qué tranquila parece cuando tienes quien te acompaña de la mano.
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