miércoles, 27 de febrero de 2013

Pájaro en lata

- ¿Te sientes cómoda hablando de ello? - dijo tenso, intentando que su frágil sonrisa no temblase mucho en la comisura de los labios. Erró en ese pequeño intento. 
- Si... - desvió la mirada y se sintió incomprensiblemente alterada. Nunca estuvo cómoda. 

Por una milésima de segundo los ojos escocieron. Miró a un grupo de hombres, después pasó la mirada por una joven y por último, volvió a su interlocutor. Fin del tema. Quedaba bajo la puerta del fondo de la memoria. Un microcine donde la cinta de esa escena y otras anteriores se reproduce, sin pausa, y se reproduce continuamente.

Sonrisas que camuflan dolor aguado pero no removido. A ojos vista puedes parecer levemente descompuesto, o simplemente que buscas como cambiar de tema. Interiormente solo buscas frenar la filmación, mientras intentas pasar desapercibido con superfluas anécdotas. Enreda tu cabello y distráete cuanto quieras, que no importa. Nunca terminará la ausencia de importancia.

Son rutinas. Son historias que se quieren olvidar por los que las viven. Son momentos puntuales para el resto. Hierro en la sangre, dolor físico que mitiga el psicológico y una pizca de infravaloración. Lágrimas producidas para intentar pasar por agua la pena, pero solo consigues quedarte vacío al serenarte. No merece la pena, porque eres un cascarón sin ser dentro. Eres una máquina programada para caminar y hablar.

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