domingo, 24 de marzo de 2013

Afinidad

Prometió no preocuparse por el momento, pero era muy tentador.

Era un juego de incontables partidas, cada poco tiempo se reunían para comenzar una nueva, esperando el mismo objetivo: vencer. Solía importarles poco el entorno en el que llevar a cabo las partidas: cuidadas cafeterías, vulgares parques o bares tristes, tras largos paseos por las abarrotadas calles. Tampoco les preocupaba el clima: ya fuerasen días de insufrible sol, lluvias torrenciales, ligeros vientos, o calmados días. 

Nada de todo aquello era relevante, el entorno era insignificante, solo podían centrarse en la intrincada partida que tenían acordada, sin haber llegado a ningún acuerdo. No se dijeron nada porque no sabían que quería el otro, solo lo intuían... y les gustaba esa agonizante duda. Muy en el fondo, aquella cuestión era la ambición que empujaba a tirar cada vez más de la cuerda. Pero hay que tener cuidado con los tira y afloja, si te importa que la cuerda se rompa. 

Todo era demasiado confuso en aquel complejo juego de intención y azar, les faltaba el comodín prohibido. Si supiesen qué pensaban el uno del otro, podrían cambiar las estrategias y parar con la prueba de ensayo y error. Se frustraban con la simple idea de poder perder aquel juego de manos y palabras, la intriga de estudiar los movimientos del otro, al milímetro. Agonizaban por poder ganar la partida. Sonreían con mirada de complicidad, un brillo arraigado a tanto misticismo.

Eran un poco sádicos y falsos, les gustaba mantener las apariencias, crear un personaje que siguiese aquella fantasía, para excusarlos en la vida real. Era pasar a otra realidad. Se esperaban en sus camas vacías, sin importar las discusiones, cayendo en la ensoñación. Confundían malentendidos, el juego y la realidad en uno solo. Se autodestruían con tanta afinidad... 

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