martes, 12 de marzo de 2013

Hacía mucho

Momentos que no llevan a nada. Paseos que reflexionan.

Había pasado tanto tiempo desde la última vez, que intentar recordar el momento exacto era algo brumoso y caótico. En la soledad no era algo necesario. Cuando hay compañía se busca diversión y jolgorio, y no caer en la pena. Nunca se daba un momento oportuno para desahogarse con el llanto. 

Hacía mucho tiempo que no lloraba fuera de los sueños. Hacía aún más que no recordaba la necesidad de un hombro amigo. El tiempo cabalgaba, rozando sus cabellos, sin dejar respirar mas que aire viciado. y entre esos segundos caer de rodillas. Percatarse muy tarde de tanta pena, encerrada bajo una sonrisa y unos ojos desesperados que simulan ser sagaces. 

Poder hablar sin parar, quizá con momentos de masajear las sienes, o mesarse el pelo. Cuando un abrazo se alarga más de lo debido, algo se remueve. Retumba, grita y desgarra por salir. No parece posible tanto dolor ahogado por el tiempo. Sin embargo, ahí está, cargado de entrelazadas ideas negativas.

Hacía demasiado que llorar no parecía posible, pero aún más de que la tristeza se sintiese verdadera. Aunque era triste, la pena indicaba que había algo. Un detalle ínfimo y casi invisible. Un muro de contención que se resquebraja por su propio orgullo. No cabía espacio para expresar ira o nerviosismo, la nada llena el rostro. La nada lo camufla todo, acompañada de una pena, inflexible ante el cambio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario