lunes, 29 de abril de 2013

Decimotercer piso


Susurros al oído, por la compañía en la cama. Charlas de almohada, lo llaman, aunque lo identifico con "ese momento". En sueños agitados el cuerpo se remueve y de los finos labios ascienden incongruentes frases. Un pequeño abrazo que reconforta y espanta todos los males. Un mohín acompañado de otro abrazo en respuesta.

Y como si hubiese transcurrido un segundo, la mañana se les echó encima con atrevidos rayos de sol; se filtraban con naturalidad entre las rendijas de la persiana. Movimientos lentos y perezosos preceden unas sonrisas adormiladas. ¿Los rostros siempre fueron tan dulces o era el efecto del despertar? Miradas cruzadas por la fascinación de los ojos del otro.

Se levantaron lo más rápido que pudieron, debatidos entre el sentimiento del deber hacer cosas y las ganas de quedarse en la estancia en compañía del otro. El cálido y tierno olor a tostadas recién hechas llenaba su olfato y acrecentaba las expectativas de un día mejor que ayer. Era duro amoldarse a otro momento de carreras por una monótona vida, pero era compensado con esos instantes de tranquilidad. La noche los había despeinado y aunque disfrutasen exteriorizando su descontento por esto, les daba bastante igual. 

Iban a carreras por la vida, en una tranquila relación: un sube y baja en ascensor. Eran rodar por las calles en busca de llegar a tiempo a todas partes, eran correr por la cama para encontrar besos fugaces.  Un devenir de manos entrelazadas y un estrechamiento de acontecimientos. Vivían en un decimotercer piso.
~·~
- ¿Sabes? - dijo con un tono de felicidad. Sucedió una larga pausa y al ver que no proseguía decidió darle pie:
- Se muchas cosas, pero por favor dime: ¿de qué quieres hablarme? - se echó levemente hacia atrás para procurar mirarle.
- ...eres todo lo que necesito en estos momentos.

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