Susurros al oído, por la compañía en la cama. Charlas de almohada, lo llaman, aunque lo identifico con "ese momento". En sueños agitados el cuerpo se remueve y de los finos labios ascienden incongruentes frases. Un pequeño abrazo que reconforta y espanta todos los males. Un mohín acompañado de otro abrazo en respuesta.
Y como si hubiese transcurrido un segundo, la mañana se les echó encima con atrevidos rayos de sol; se filtraban con naturalidad entre las rendijas de la persiana. Movimientos lentos y perezosos preceden unas sonrisas adormiladas. ¿Los rostros siempre fueron tan dulces o era el efecto del despertar? Miradas cruzadas por la fascinación de los ojos del otro.
Se levantaron lo más rápido que pudieron, debatidos entre el sentimiento del deber hacer cosas y las ganas de quedarse en la estancia en compañía del otro. El cálido y tierno olor a tostadas recién hechas llenaba su olfato y acrecentaba las expectativas de un día mejor que ayer. Era duro amoldarse a otro momento de carreras por una monótona vida, pero era compensado con esos instantes de tranquilidad. La noche los había despeinado y aunque disfrutasen exteriorizando su descontento por esto, les daba bastante igual.
Iban a carreras por la vida, en una tranquila relación: un sube y baja en ascensor. Eran rodar por las calles en busca de llegar a tiempo a todas partes, eran correr por la cama para encontrar besos fugaces. Un devenir de manos entrelazadas y un estrechamiento de acontecimientos. Vivían en un decimotercer piso.
~·~
- ¿Sabes? - dijo con un tono de felicidad. Sucedió una larga pausa y al ver que no proseguía decidió darle pie:- Se muchas cosas, pero por favor dime: ¿de qué quieres hablarme? - se echó levemente hacia atrás para procurar mirarle.
- ...eres todo lo que necesito en estos momentos.

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