miércoles, 24 de abril de 2013

El Japón del Resplandeciente Genji


Título: La novela de Genji
Autora: Murasaki Shikibu
Traductor: Xavier Roca-Ferrer
Editorial: Astral
Año: 2010
Número de páginas: 1520


Un clásico de la literatura japonesa, como es la historia de Genji Monogatari, nos acerca a conocer muchos aspectos de la vida y cultura nipona, durante el período Heian. Esta extensa obra narrativa, que fue base de mucha literatura posterior, nos cuenta la historia de uno de los hijos del emperador, Genji, quien destaca por su incomparable belleza y habilidades. Una apasionante historia donde se sincronizan a la perfección la sensualidad y sexualidad, con la religión budista y la vida en la corte; todo ello enfocado a través del ideal de héroe oriental.

La obra se desarrolla en la época Heian, etapa histórica marcada por el cambio de la capital, durante finales del siglo X, a la actual Kioto. Esta etapa, que duró alrededor de cuatro siglos, fue el momento de esplendor de las artes. Lo más destacado de este hecho, como muestra de soslayo la autora, quizás incluso de forma involuntaria, es que esa necesidad artística, fue solo impuesta para los altos cargos de la sociedad, el pueblo llano quedaba fuera de esas enseñanzas. Esto se refleja en la obra cuando se habla de alguna mujer de bajo rango y los pobres poemas que realizan. Además, el período Heian queda marcado por otro hecho: la familia Fujiwara. Esta familia de ministros, eran quienes poseían realmente el poder, aunque al menos tenían el recato de fingir que el emperador era el más alto cargo. Para facilitar este hecho, los Fujiwara siempre intentaban emparentarse con la familia imperial de algún modo, aunque fuera lejano. Uno de estos casos, por ejemplo, es el de nuestra autora.

Lo primero que nos llama la atención respecto a este libro, escrito entre el siglo X y XI, es que es fácil su lectura. La narrativa es simple, las descripciones son precisas, evitando ser tediosas y posee numerosos poemas cortos. Además, la edición ayuda a los lectores no especializados en vocabulario japonés, pues las diversas explicaciones a pie de página, dejan resueltas todas las dudas que puedan surgir. La autora, no solo se ayuda de una forma asequible de redacción, para facilitar la lectura, sino también de la ironía y de una escritura refinada, eludiendo expresar situaciones tabús. También se tendría que tener en cuanta el gran uso de referentes reales que hace en su obra. Un ejemplo muy discutido, es el de los personajes Murasaki y Shonagon. No solo pone su nombre a una de las mujeres más importantes en el corazón de Genji, sino que además, a la abuela que custodiaba a esta, le pone el nombre de su enemiga literaria.  La maestría de esta autora, se debe a la exigencia de nivel cultural, explicado posteriormente.

El segundo punto más relevante, sobretodo para lectores occidentales y del siglo XXI, es el protagonista en si, y el reflejo de la sociedad a través de este. Genji es uno de los muchos hijos del emperador, pero destaca por ser el hijo de su preferida concubina y por su increíble belleza. Ya desde muy pequeño destacaba, siendo casi más relevante que el hijo primogénito, no solo por su belleza, sino en diversas habilidades: al tocar instrumentos, bailar o en su caligrafía. Para sorpresa de un lector de estos tiempos, se casó a la temprana edad de doce años. Al principio Genji no tenía necesidad de buscar el amor de ninguna mujer, pues para él solo existía una persona perfecta: Fujitsubo, la nueva favorita de su padre, quien era muy parecida a la madre del príncipe. Pero con el paso del tiempo, se muestra a la perfección la poligamia reinante en la época. Las conquistas del muchacho, no solo hace un estudio de los diferentes tipos de mujeres, sino que además crea un conflicto grave para la autora: su héroe va en este punto en contra del budismo. Por ello, se presupone que Murasaki siempre hace terminar las relaciones de Genji con sus mejores amantes. Este héroe oriental es algo también muy llamativo para un occidental, pues nuestra idea de héroe es alguien que avanza hacia las batallas y posee un carácter fuerte; sin embargo, el oriental es un personaje cargado de sentimiento, que no tiene reparos en llorar si es preciso, pues lo importante es mostrar la belleza de sus emociones.

El último punto más destacable del libro, es el apego de la autora hacia su personaje. La necesidad de realizar un ser perfecto, la lleva a excusar sutilmente todas las acciones impuras del autor, que sobretodo van en contra de la religión. Una forma de hacer esto es el castigo: apartando de su lado a las mujeres más importantes en su vida y la otra es con la suave redacción que hace más tenues las situaciones difíciles. No solo es un personaje querido por todos nada mas ver su rostro, sino por sus múltiples habilidades y la manipulación del texto de la autora, que casi nos obliga a adorar al príncipe.

Esta obra es necesaria leerla al menos una vez en la vida, no solo para admirar la maestría literaria, sino para poder expandir nuestros conocimientos. El poder comprender una época, a pesar de que nuestros valores sean opuestos, nos llevarán a una mejor percepción de todo lo que nos rodea. Muy pocas obras conseguirían llegar al nivel de esta autora, para expresar el amor de una forma tan perfecta y exacta, como en los romances del resplandeciente Genji. Laura Martín Rivera.

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