viernes, 17 de mayo de 2013

¿Envidia de la gente feliz consigo misma?


Ese problema nace de ti. Aparece en lo más hondo de tu cerebro, la ponzona sale de cada ápice de tejido nervioso. Se desplaza por cada fibra muscular y cala en los huesos. La envidia siempre existe, pero es corrosiva cuando envidias ver a alguien feliz consigo mismo: ya sea con su cuerpo o con su vida en general.

Tiemblas, frunces el ceño y tuerces los labios en una expresión de disgusto y enfado. Te encolerizas con tu propia existencia y por no estar minimamente conforma con tu actuación y cada milímetro de tu cuerpo. Tu cara, tu piel, el tamaño de tus ojos, el volumen de tus labios, tus manos, tus pies, tu altura, tu peso, tu pelo, tu voz, tu actitud frente a la vida... Todo ello no es un conjunto de ti, sino un cúmulo de preocupaciones. Si pudieses las meterías en una bolsa y las tirarías a la basura. Sin embargo, eso no es asi.

Quizá un día veas tu rostro cansado, pero te sorprendas en el espejo maravillándote ante lo bonito que tienes el pecho. Puede que un día tu pelo decida tomar vida propia, pero tu rostro esté luminoso y descansado. Otra vez podrías encontrarte con tener una estatura más baja a la media, que te permita hacerte paso entre la multitud.

Estar a la sombra es una decisión. Siempre puedes desnudarte ante un espejo y encontrar, cada día, al menos una cosa que te haga decir: "Me gusta lo que veo"

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