miércoles, 5 de junio de 2013

La gracia de los relatos

"Cada músculo estremeciéndose, en un convulso maremágnum de placer y ardor, un veloz viaje por una autopista de colores y caricias. Mientras tus ojos cerrados expanden el tacto en una carrera por la supremacía, por el gemido más corto y fuerte, ansiándolo. Deslizando cada gota de saliva confundiéndola con sudor, por cada rincón de tu cuerpo, junto a resbaladizas caricias... 
En este ciclón de saliva, dos lenguas furiosas luchando entre sí, en un combate a muerte en el que ambas son ganadoras... Cada palabra fruto del deseo sexual, de la líbido mal curada, de un sin dios erótico-festivo, sin tabúes ni restricciones. Susurras palabras al oído que fabrican sueños que no pueden cumplirse esa noche."


Cerró el libro con el rubor claramente marcado en sus mejillas, antes de devolverlo a la estantería. No olvidaría la ubicación exacta de este, ni el llamativo color ocre del lomo, ni las enrevesadas letras que conformaban el título de la obra.


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