Una
danza acometida bajo el ritmo de la música encerrada en tu propia
cabeza. La libertad de dar vueltas en una inmensa sala iluminada;
observar un punto fijo y no detenerse hasta que un ataque de risa te
tumba en el suelo. Reír sin sentido, exaltado por el éxtasis del
momento: la sensación de incongruente felicidad. Amor lo llaman, tan
solo cuatro letras, pero una palabra que posee un sinfín de
sensaciones. Las palabras tienden a ser demasiado simples para el
significado real que se esconde.
Es
un festejo que no termina como el resto, no acaba cuando llega el
alba del nuevo día. Por las venas corre el mismo calor que con
efecto del alcohol y el corazón se desboca acelerado como en los
bailes entre compañeros. Jocosas
conversaciones, sonrisas por doquier e historias entrecortadas, en
una pelea por ver cuál es la más fantasiosa o divertida.

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