Soy la nota disonante, en una melodía armoniosa; el fruncido de ceño ante escuchar el bache que destroza la canción. Trato de esconderme bajo la coqueta blanca o la esbelta corchea, pero no me dan respaldo: me hacen desfilar por el pentagrama. Correteo como las representaciones del moscardón en el clásico de Rimsky-Korsakov, arruinando la obra maestra a mi ominoso paso.
"Quiero estar bien. Quiero encontrar mi lugar entre las líneas del pentagrama. No me importa si es en la línea más alta o la más baja"
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