jueves, 12 de septiembre de 2013

Soy un chiste malo


Dejó la libreta a un lado. Entre los párrafos había dibujos, apuntes de repentinas ideas y garabatos sin más intención que distraer la mente embotada. Aplastó el tercer cigarro contra el suelo y dedicó un leve movimiento de cabeza a quien se sentó a su lado.

Comenzó a hablarle y, como siempre, omitió sus palabras. Se apoyó contra el escalón que había tras su espalda y miró al fondo. Ofreció su libreta al acompañante, sin mediar palabra. Aún los músculos dolían al menor movimiento; todavía se resquebrajaba con tan solo respirar. Los párpados pesaban, la llovizna comenzaba y la temperatura había bajado, pero estaba fuera.

Cualquier hecho que aconteciera en el exterior era otro minuto de vida aprovechado. La falsa idea de seguridad que se destilaba de frases como "El confort, calidez o tranquilidad del hogar" no tenían validez para ella. Las paredes cálidas que te refugian del mal tiempo te colapsan en aire viciado, el techo que se mece sobre tu cabeza se mueve demasiado y los muebles que sustentan cada detalle que refleja tu paso en la vida se convierte en uno de los tantos extras de una película que no quieres ver.

Dejó de notar caer las gotas contra su frente y movió la cabeza: el recién llegado había traído un paraguas y la estaba cobijando. Respondió desplazándose más lejos para volver a mojarse. Entrecerró los ojos y se puso a silbar. Estimó que pasaron diez minutos en los que él estuvo leyendo lo que pensaba, lo único a lo que no le pusieron pegas en aquel lugar: escribir. Notó que iban a comenzar la inevitable charla, por lo que encendió el cuarto cigarrillo en una hora. Se giró para cambiar de postura, y de paso observarle un poco mejor.

- Tienes una curiosa forma de expresarte, Sally, aunque aún noto demasiada negatividad. No lo plantees así, puedes subir el ánimo - quiso interrumpir a su interlocutor, pero siguió como si nada - La vida puede ser lo más hermoso del mundo. Todo es voluntad: tu estado de ánimo, tus decisiones, tu forma de vivir...
- Morir también lo es, ¿no? - intervino tan seca como siempre. Alzó la ceja izquierda - No me digas como cojones debo ser, eso solo lo marco yo... después de todo, "todo es voluntad" - finiquitó sonriendo burlona de medio lado. Insultaba con sonrisas y halagaba con fruncidos de ceño.
- ¿Y cómo eres? - dijo con intriga para dejarla pie a expresarse, para ver cómo contradecirla y subir su inexistente ánimo.
- Soy un chiste malo - articuló antes de mordisquear el cigarro en busca de una calada relajante - Una broma barata, que compró la vida, para echarse unas risas bien de madrugada. Un dulce retoño que resultó ser... - tomó otra calada y dejó una pausa mientras expulsaba el humo con pasividad - una mujer demasiado fuerte y difícil de tratar si no tienes a mano un buen antiácido. 

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