Musitó con timidez unas líneas de la canción. Solo algunas, las que parecían no poder ser acalladas tras sus labios. Aunque nadie la acompañase, casi siempre hacía eso. Cantar en voz alta no era lo suyo. Bueno, realmente cantar no era lo suyo. Además el vagón había quedado vacío, por lo que había comenzado su intuitivo cantar, sin más preocupaciones.
Se detuvo a pensar cuánto tiempo hacía desde su último escrito. Meditó sobre las última vez que escuchó música para silenciar el entorno. Se sorprendió al no recordar qué le alegraba cada mañana. En el último año solo se había centrado en el baile, la danza. La danza del desespero, la que te asfixia en soledad. Aquel lento y frió juego de pies que te conduce a desbordar los diques de la cordura. Todo lo establecido se parte en pedazos y los falsos "Estoy bien" son la arena que tapa el ataúd en tu tumba.
Comenzó a leer una hoja que parecía perdida, en el gran amasijo de cosas que había dentro de su bolso. La desarrugó con cuidado y comenzó a leer:
"Largo, vete fuera. Sal del círculo que te rodea. ¿Para qué decir nada más? ¿De que servirá? Gírate, sonríe como siempre y vete sin esperar. Si todos te hieren, todos te odian; no merecen explicaciones.
Tu familia no lo entiende, solo eres una persona a la que exigir puntualidad, eficiencia y categoría, y tus 'amigos' muestras su apoyo con el ignoro. Por más atención que prestes a todos, a sus ojos, eres una molestia. ¿Preguntas por qué? Mírate, das asco. Te arrastras hasta el punto de que todos ellos acudan a ti para desahogar sus penas, mientras hacen oídos sordos a los tuyos.
No vales nada para nadie: conviértete en una egoísta; si nadie te quiere cerca, si solo te utilizan, haz lo mismo. Se arrogante, avariciosa, que todo lo que hagas sea exclusivamente para ti. Si alguien puede salir beneficiado de alguna de tus acciones, no lo hagas, que se jodan.
No, ahora no llores, no les des el lujo de saber en qué estado estás. ¿Qué, que por qué preguntan cómo te encuentras? Fácil: falso interés. Necesitan saciar su egolatría, magnificar su bondad. Calla y vete. Si no sigues esto ya sabes qué pasará: parecerás tan indefensa como un bebé y durante unos minutos no podrás procesar nada. Quedarás como el vegetal que eres."
Tragó saliva y miró a todas partes. Lentamente devolvió la forma de bola a la hoja. Al salir de la estación la tiró en medio de la calle. Hacía frío, no el suficiente para disminuir sus tormentos, pero si el suficiente para despejarse. Se acomodó bajo su abrigo y comenzó a caminar. Aún seguía sin creer que hubiese escrito aquello, que tan solo hubiese pensado así.
- El verdadero miedo es el que se tiene a uno mismo. La incapacidad de control.

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