lunes, 1 de junio de 2015

Reseñando experiencias: Jose Manchado Fotógrafo

[Fotografías de Jose Manchado, no usar sin su consentimiento]

Lo primero que debéis saber, mientras leéis ésto, es que nunca en mi vida había posado en una sesión, para un fotógrafo profesional. Hablo desde la más nula experiencia y por eso voy a centrarme en muchos aspectos. Como dijo Jack el Destripador, "vamos por partes".

Jose puede parecer excesivamente profesional (vamos, muy seco) si tratáis con él vía internet y un poco más natural si acordáis una cita por teléfono. Digo ésto porque entre lo que os encontráis en ese momento, comparado con el trato cara a cara, hay un mundo. En su página se publicita de éste modo: 
"Este es un estudio de fotografía especializado en actores, modelos y sobre todo en gente normal que le gusta verse bien en las fotos. Intento que las sesiones sean una experiencia divertida, creativa y diferente por eso siempre estamos innovando."
Sin duda alguna es un hecho: son sesiones divertidas, sin nada de frialdad. Deja de lado un sistema de compra-venta de producto (donde fotógrafo y fotografiado son dos objetos con una relación casi nula). Como "gente normal" que soy, puedo decir que Jose pone las cosas muy fáciles: no sólo te ayuda a la hora de posar, sino que además intenta que estés cómodo y buscar la imagen con la que vayas a verte como deseas en una foto. 

Después de hablar del fotógrafo, voy a informaros sobre el sitio. El estudio se encuentra en C/Olite, nº 40: un garaje remodelado para disponer del espacio fotográfico, un almacén y un cambiador/espacio de maquillaje. Es muy fácil llegar allí (a menos de 5' desde el metro de Alvarado, línea 1 de Metro). Al ser un antiguo garaje, hace bastante calor, sin embargo hablad con Jose sin problema sobre ello, ya que encenderá corriendo un montón de aparatos de ventilación si lo necesitáis. Fuera de todo formalismo debo decir, para si algún interesado acude, que no se asuste por el desorden. Hay muchísimo material y, cuando debes hacer uso continuo de éste, está por todas partes. Pero ésto no supone ningún tipo de problema a la hora de trabajar. 

Por último voy a hablaros la edición de las fotografías. Esta parte es algo dura para mi, ya que PERSONALMENTE aborrezco el "photoshopeo" de la realidad. El fotógrafo siempre editará las fotografías finales de la sesión para dejaros "très chic". Trabaja sorprendentemente rápido en la edición, puesto que procura que al tomar la fotografía quede lo mejor posible para evitar tiempo de PS. Para que os hagáis una idea subiré la comparativa sin editar/editada. Para poder ser consciente del cambio en la edición (si no hay falta de tiempo), nos sienta a su lado mientras trabaja con agilidad y así poder ir opinando respecto a los cambios. Eliminar sombras, eliminar granitos/rojeces, disimular imperfecciones, destacar los ojos con más brillo, subir/bajar luces y contraste ¡y a tu pendrive! De la cocina a la mesa, señores.

Ha sido una experiencia muy entretenida y he salido muy contenta con las fotografías. Espero que os haya sido de utilidad la información y, que si decidís acudir a él, os sintáis tan cómodos como yo. 

[Fotografías de Jose Manchado, no usar sin su consentimiento]

sábado, 7 de marzo de 2015

El punto y final de todo libro

Tomó aire con una sonrisa de las reales, de las que no necesitan ser rebuscadas. Se despidió con suavidad pero con la misma proporción de firmeza; llegó a plantearse mirar atrás una última vez y poder repetir un último "Adiós". No, eso no tenía ningún sentido. Por eso mismo sonrió con inusitadas ganas antes de girar sobre sus talones y dar la espalda.

Había dicho poco, pero lo necesario; reflexionó sobre ello durante un instante. Siempre hay que valorar los detalles: al hablar, al escribir o incluso al mirar. Lo propicio es la moderada perfección de cada acto, siendo ésta una acción muy pequeña, mejor cuanto más pequeña. Era como prender un broche en la camisa, para dar un aire de distinción a través de algo tan pequeño que te cabe en la palma de la mano.

Con esa pequeña percepción abrió la puerta. Era tan pesada que solía agarrarla siempre con fuerza, pero aquella vez parecía excesivamente delicada. Pasó por entre las jambas de la puerta y observó todo embobada, como si todo fuese nuevo, precisamente por la cotidianidad que le evocaba. Echó la mano a su espalda, evitando que la puerta cerrase estrepitosamente. Agarró el pomo y guió la gran tabla de madera hasta su posición natural. Sólo una vez estuvo completamente cerrado aquel lugar, oculto tras ladrillos anaranjados y una gran puerta de madera clara, se permitió mirar hacia atrás.

Soltó el dorado pomo en lo que le pareció una acción ralentizada. Todo pasó como debía: el tiempo ni se detuvo ni se aceleró, pero la situación estaba cargada de ficticio estatismo. Igual que cuando cierras un libro tras leer la palabra previa al punto final. No había disfrutado tanto de un instante en mucho tiempo. Lo saboreó precisamente por o soso del momento, por la importancia que tenía aún en un marco tan cotidiano, por la grandeza de su simplicidad.

Fue un segundo tan cargado de un todo contradictorio y lleno de sentimientos, pero no dudó avanzar el pie izquierdo y proseguir su camino con una sonrisa. "Qué curioso" pensó para sí, realmente sorprendida "Siempre comienzo a caminar con el pie izquierdo. Quién diría que es una mala expresión". Caminó cuando quería correr, sonrió en lugar de gritar y disfrutó mirando al despejado cielo, en vez de observar el entorno en exceso común.

Era el cierre de tema de un libro demasiado tiempo escrito hasta la mitad. De esos que dejas de lado con promesas como "ya queda poco para acabar, mañana continuaré". Promesas que el propio escritor escupe como falacias. Pero olvidaba siempre coger pluma y continuar, guiado por esas mentiras. Pero por fin llegó a este triste, a la par que aliviador, punto final: algo grande que termina, pero que deja un sabor dulce tras saber cómo acabó.

domingo, 25 de enero de 2015

Se quedó entre la masa blanda, como las malas pulgas arraigadas.

Qué angustia repentina.

Agonía interna, que quema desde dentro, que paraliza los huesos y congela las ideas.
Produce un prolongado escalofrío que reconcome los pensamientos. Una especie de ansia por huir, llorar y gritar ante algo desconocido.
Algo irreal pero que hunde en la congoja, como un peso en el agua.

Repentina garganta seca, piernas tambaleantes y un corazón irrefrenable en punto muerto.
Por más que mires a otro lado, ¡qué insistencia!
¡Cuánta fuerza por volver, por meter el dedo en la herida, por tirar jarras de agua fría!

Cuando parece haber desaparecido, ya es tarde.
Quedó la semilla de la duda, burbujeando entre la masa blanda.
Una vez entra, ¡cuánto, cuantísimo, le cuesta huir del cráneo!

Qué angustia tan prolongada.

domingo, 5 de octubre de 2014

Saltó fuera de la realidad

Ya no hay motivo para sentir ser especial, ni siquiera para creerse uno más.
Se saca de cualquier oración y su presencia brilla por su ausencia. 
Dejar de aparecer en el más recóndito pensamiento, ni siquiera para menospreciarlo en comparación a otros.

Qué olvido más minúsculo...
...pues realmente no se encontraba en ninguna parte.

lunes, 15 de septiembre de 2014

La vida es una tragedia para los que sienten y una comedia para los que piensan.

La costumbre se hizo dueña de cada mañana. Las pisadas, de fuerzas ya agotadas, guiaban al nuevo día. La música pasaba de oreja a oreja, sin dejar rastro alguno en su ser. Se escondió bajo su desdicha y comenzó a llorar sin razón alguna.

Implacable lloró ríos de cordura, cada vez más amargos, por cada paso que daba. Se distanció, forzando el tiempo que haría de su persona un ser que fue importante en otros momentos de la vida. Lloró, otra vez y con más fuerza, al recordar los buenos acontecimientos pasados. Todo hecho feliz era tan fugaz, tan puntual y hermoso, que por ello había temido su pérdida. Realmente seguía temiendo, pero sin saber el qué, pues ya nada quedaba.

La sentencia cada vez era más clara e implacable. Cualquier resquicio de salvación era una risa burlona en su cara y una bofetada a su antiguo henchido orgullo. Los últimos meses habían sido un conjunto de entremeses. Pequeñas falsedades, situaciones ficticias, donde el amor y la amistad prevalecían sobre cualquier mal. Diminutas obras maestras de la risa y la esperanza. Esos primeros platos, para la comida de la vida, no eran más que un edulcorante para intentar alejar la mente del beso de la muerte. Algo imposible de detener o evitar. Ahora ya han terminado y da paso el gran acto: la tragedia.

Extinto hasta el último resquicio de alegría, asustada hasta la más diminuta de las sonrisas, llegó una frase célebre a su recuerdo: "La vida es una tragedia para los que sienten y una comedia para los que piensan." Se preguntó cómo no iba a ser una tragedia sentir la pérdida de un ser querido, el enfriamiento de una amistad o el fin imparable de una relación. Con cada personaje de la obra que observaba, encontraba miles de cualidades de las que no disponía. Todas ellas buenas, todas ellas nobles; mientras todas las suyas eran desesperantes e inservibles.

Deseó el fin de la actuación, pero esta no llegaba y no tenía fuerzas para levantarse del asiento y salir del teatro. Aguantó largo tiempo ahí, atendiendo a cada matiz de los personajes, a lo cruel que resultaba la vida en aquella puesta en escena y lo real que parecía.

viernes, 8 de agosto de 2014

Dieciséis de Marzo


Entre un cúmulo de papeles, ahí estaban las escasas palabras. Había miles, para ser sinceros, pero ahí se encontraban las que andaba buscando. Tras el tiempo vagando entre habitaciones negras, mentes huecas y hojas en blanco, logró hacerse con lo que más precisaba. Un momento plenamente suyo, de los pocos que recordaba como auténticos. 

Releyó esas diez palabras, más de diez veces. Por cada ocasión, en la que los ojos desfilaban por entre las letras, se formaba una nueva expresión y una distinta forma de leerlo. Desde el desconcierto inicial, a una sonrisa tímida, de esas que no se pueden contener. Pasó de creer en que era mera nostalgia ante un tiempo mejor, a percatarse de que seguía en ese "tiempo mejor". 

Volvió a leer el pequeño pedazo de papel. Era escueto y escaso, arrugado hasta poder decir que maltratado. Pero en su insignificancia, había conseguido confeccionar de nuevo un hoyuelo, en el lado izquierdo del fin de sus labios. No era mucho, pero si cuanto necesitaba. Dobló el castigado fragmento de papel y lo guardó donde estaba. Ya sabiendo su contenido de memoria, recitó las diez palabras:

"Quédate a dormir hoy. Bueno, quédate una semana... ¡Un mes!"

lunes, 28 de julio de 2014

Eterno bamboleo


Comenzó la sensación de estar a punto de desfallecer, como al deslizarte por el mar. Ir de un lado a otro, pero manteniéndose siempre estático. La lejanía ya no importa, da igual, pues el tiempo ya no continúa. Nada logra proseguir, pues siempre se está en la misma situación. La misma sensación que estar encerrado en una habitación, incapaz de salir por más alaridos que la garganta confiera o las patadas que reciba la puerta. Era un eterno dejavú.

Detenerse a mirar por la ventana, para empezar el juego de convertirse en dios. Inventar historias sobre los transeúntes que pasan tras su cristal. Su cristal, pues es su momento. Todos caminan, corren, pasan con sus bicicletas y ríen a su alrededor. Ahogados entre el gozo y las risas, los actores desaparecen y el dios omnipotente degusta su poder. La creación de situaciones que, muy posiblemente, ninguno de ellos ha experimentado.

Una mano humana se deslizó por la mesa y a poco estuvo de derramar su copa. Observa la copa y, en ese segundo, se aleja de todas las fantasías de su cabeza. Termina alejándose, una vez más, de su yo más sano: el inexistente. Vuelve a aquel bar abarrotado de mesas corridas, cervezas y exclamaciones. Olvida todo lo recién creado e idealizado, abrumado de los repentinos sonidos de la sala. Vuelve a ser un mero ser humano. Pierde todas sus capacidades como deidad, para terminar embarcando en un mundo mediocre. Un mundo donde nada vale, pues nada significa.

domingo, 1 de junio de 2014

Luna hueca


Qué sola se siente la Luna, precisamente por estar rodeada de estrellas. 
Encerrada entre seres celestes, ella queda como un ente insignificante.
No posee luz propia, por lo que finja tenerla.
Realmente no es nada, mas allá de un reflejo. Todo lo que es, es lo que nunca será.

sábado, 19 de abril de 2014

Acaba tu café y lárgate de aquí


- No esperaba esto - tragó saliva y frunció el ceño.

Tras esa frase tuvo lugar el ruido de la cafetería, como si un director de orquesta pidiese silencio; el oído se afinó y comenzó a subir el volumen de todo lo que lo rodeaba. Ruidos familiares a los que no se presta atención: los pasos de los clientes, el saludo del camarero al entrar alguien al establecimiento, las incomprensibles conversaciones ajenas y el continuo ruido de cucharas contra la porcelana. Apartó los ojos de los de su contrincante. Aquella mirada furiosa y asqueada solo conseguía amargar más aún el fatídico momento.

En las mesas de alrededor había todo tipo de personas. Un anciano solitario estaba totalmente ensimismado leyendo con paciencia el periódico, olvidando por completo su taza de café. Más allá había un par de chicas jóvenes que hablaban en susurros, pero reían ocasionalmente con carcajadas tan sonoras que llamaban la atención de toda la clientela. Varias mesas estaban llenas de hombres y mujeres trajeados, que apuraban el café con prisa para volver a su puesto de trabajo. Cinco señores, dispuestos a lo largo de la barra, tomaban el desayuno que precedía una mañana de bares; qué bonita parecía la vida de jubilado. 

Tanta gente, tantos tipos de vida, tantos modos de vivirla y tantos puntos de vista desde los que apreciarla. Eso pensaba cada vez que se detenía a echar un vistazo a la gente, fuera donde fuese. Era un acto totalmente involuntario, aunque en aquella ocasión estaba potenciado por la imperiosa necesidad de no mirar a su derecha y reencontrar aquella mirada que lo increpaba. "En ningún momento quise romper aquel compromiso, pero era imposible no hacerlo tal como soy". Procuró distraerse otros segundos mirando el entorno, hasta que hizo acopio de todas sus fuerzas y giró la cabeza tomando aire con fuerza. 

Observó su reflejo en el cristal del local, al lado del que estaba dispuesta su mesa. Volvió a encontrar aquella cruda mirada. Romper un juramento siempre es una condena, para el que lo inculpe, pero mayor aún si era un pacto con uno mismo. No se pierde la confianza de otro, sino la propia. Observó las ojeras y el malestar generalizado de su cara. 

- ¿Dónde quedó la fuerza de voluntad y el amor propio? - acercó la mano a la taza de café  - Dijiste que era momento de pasar página - tomó aire con pesadez - ¿Quién confiaría en quien se miente a uno mismo?

"Acaba tu café y lárgate de aquí" dijo ya para sus adentros. No creía que nadie hubiese querido fijarse en su persona, ni que hubieran captado que movía los labios si era el caso contrario. Sin embargo era consciente de que alguien podría tomarlo por un loco. Sonrió levemente, con cansancio. Todo era motivo de preocupación, cuando realmente no era nada. Apuró la taza, pagó en la barra y se fue a la calle. Posiblemente acabaría pensando en todo lo que había prometido y que volvería a intentar validar la promesa; pero también sabía que esa promesa volvería a romperse. 

miércoles, 22 de enero de 2014

Imaginación

La sustancia más corrosiva que ingiero. Para colmo, está en toda comida. Es uno de esos ingredientes que en su justa cantidad, aportan emoción. Te embriagan con ese regusto a osadía, desparpajo y creatividad. Pero solo si la cantidad es ínfima y se ingiere pasado un largo tiempo.
Sino, aquí reside el resultado. ¿No lo veis? No es algo apreciable de forma física, ni siquiera algo que pueda ser explicado. Sin embargo puedo relatar los efectos secundarios. Fatiga ante el cambio. Desdicha por pensar en lo bueno que pueda suceder. Sentir que todo lo que transcurre es un largo viaje en tren, con la misma canción monótona de fondo.
Llega un punto donde se desvincula la imagen del sonido, donde se extrae el olor a lo que saboreas y donde no logras encontrarte en el cuerpo que hay delante del espejo. Dejarte embaucar por turbios pensamientos. Solo son sirenas, que ni se molestaron en cantar; te acercaste tú solo a abrazarlas.

domingo, 19 de enero de 2014

Qué época tan mala

En qué época tan mala nos hemos metido. Las conversaciones con los allegados comienzan por contar cien penas por cada buena nueva. Ya sean problemas sociales o fantasmas personales Qué época tan mala estamos viviendo, ya sea por unas cosas u otras. 

La puerta se abrió para dejar entrar desdicha e infortunio. Qué época tan mala, completa de rezagados, torturados y maleantes. Estamos estancados; no hay porvenir sin movilidad al avance. Quedan ya pocas ideas en el bote de reservas y las cavilaciones parecen cada vez más pesimistas.

Llegada inminente de un fin sin principio, de la caída sin el ascenso predecesor, del infortunio sin lucro base. Planes que no ven un desarrollo porque le falta el comienzo. Ligados a tantas obligaciones, a pesar de no tener trabajos que sustenten los deberes. 

Qué época tan mala nos toca vivir, pero qué rica sabe acompañada de un café y charla. Aunque el sabor no es nada comparado con el sonido: risas familiares. Qué suaves parecen los golpes del día a día, cuando tienes compañeros con quienes recordar los buenos tiempos. 

Cómo olvidarse de las sonrisas y los mofletes sonrojados de una buena carcajada. El olor a viejos tiempos dejará de lado la peste causada por sufrimiento; de la que se respira en cada esquina en esta época. ¡Menuda época! Pero qué tranquila parece cuando tienes quien te acompaña de la mano.

viernes, 10 de enero de 2014

No revivir

- Tengo miedo a no revivir la experiencia. - se paró a pensar cómo matizar aquel comienzo del discurso - Recuerdo lo feliz que me sentí en aquella ocasión. Alcancé la completa dicha. Eso es lo que temo. Si esto ya ha sucedido, si ese sentimiento ya ha pasado, creo que no podré volver a tenerlo.

- ¿No crees que se pueda repetir? ¿Por qué? Lo veo una tontería. Como es evidente, no podrás sentir lo mismo con todas las personas, pero en algún momento se repetirá. No tenemos cupo de alegrías o penas. 

jueves, 9 de enero de 2014

Se le acercó de pronto un monje taoísta que andaba cojeando como un loco, con sandalias de cuerda y vestido de harapos.

"Los hombres anhelan la inmortalidad,
pero nunca olvidan los lujos y el rango;
¿Dónde andan ahora los grandes de antaño?
Las hierbas silvestres recubren sus tumbas.

Los hombres anhelan la inmortalidad,
pero nunca olvidan la plata y el oro;
se pasan la vida amasando dinero
para que la muerte les selle los ojos.

Los hombres anhelan la inmortalidad
pero nunca olvidan las bellas esposas,
que juran amor eterno a sus maridos
y se vuelven a casar en cuanto mueren.

Los hombres anhelan la inmortalidad,
pero traen hijos al mundo sin cesar;
padres cariñosos veréis a montones,
¿quién ha visto que un hijo ame a su padre?"


Cao Xueqin
Sueño en el Pabellón Rojo
Vol. I, pp. 52

domingo, 5 de enero de 2014

La danza del desespero


Musitó con timidez unas líneas de la canción. Solo algunas, las que parecían no poder ser acalladas tras sus labios. Aunque nadie la acompañase, casi siempre hacía eso. Cantar en voz alta no era lo suyo. Bueno, realmente cantar no era lo suyo. Además el vagón había quedado vacío, por lo que había comenzado su intuitivo cantar, sin más preocupaciones. 

Se detuvo a pensar cuánto tiempo hacía desde su último escrito. Meditó sobre las última vez que escuchó música para silenciar el entorno. Se sorprendió al no recordar qué le alegraba cada mañana. En el último año solo se había centrado en el baile, la danza.  La danza del desespero, la que te asfixia en soledad. Aquel lento y frió juego de pies que te conduce a desbordar los diques de la cordura. Todo lo establecido se parte en pedazos y los falsos "Estoy bien" son la arena que tapa el ataúd en tu tumba. 

Comenzó a leer una hoja que parecía perdida, en el gran amasijo de cosas que había dentro de su bolso. La desarrugó con cuidado y comenzó a leer:

"Largo, vete fuera. Sal del círculo que te rodea. ¿Para qué decir nada más? ¿De que servirá? Gírate, sonríe como siempre y vete sin esperar. Si todos te hieren, todos te odian; no merecen explicaciones. 
Tu familia no lo entiende, solo eres una persona a la que exigir puntualidad, eficiencia y categoría, y tus 'amigos' muestras su apoyo con el ignoro. Por más atención que prestes a todos, a sus ojos, eres una molestia. ¿Preguntas por qué? Mírate, das asco. Te arrastras hasta el punto de que todos ellos acudan a ti para desahogar sus penas, mientras hacen oídos sordos a los tuyos. 
No vales nada para nadie: conviértete en una egoísta; si nadie te quiere cerca, si solo te utilizan, haz lo mismo. Se arrogante, avariciosa, que todo lo que hagas sea exclusivamente para ti. Si alguien puede salir beneficiado de alguna de tus acciones, no lo hagas, que se jodan. 
No, ahora no llores, no les des el lujo de saber en qué estado estás. ¿Qué, que por qué preguntan cómo te encuentras? Fácil: falso interés. Necesitan saciar su egolatría, magnificar su bondad. Calla y vete. Si no sigues esto ya sabes qué pasará: parecerás tan indefensa como un bebé y durante unos minutos no podrás procesar nada. Quedarás como el vegetal que eres."

Tragó saliva y miró a todas partes. Lentamente devolvió la forma de bola a la hoja. Al salir de la estación la tiró en medio de la calle. Hacía frío, no el suficiente para disminuir sus tormentos, pero si el suficiente para despejarse. Se acomodó bajo su abrigo y comenzó a caminar. Aún seguía sin creer que hubiese escrito aquello, que tan solo hubiese pensado así. 

- El verdadero miedo es el que se tiene a uno mismo. La incapacidad de control. 

jueves, 19 de diciembre de 2013

Luces



Enterró la cabeza en el hombro ajeno y aferró las uñas a la camiseta. Era un abrazo casi desesperado, de esos que incitan a las lágrimas por la magia de no tener que decir nada. Dejó resbalar las lágrimas mientras notaba cómo acariciaban su pelo. En nada el momento pasaría, en un instante retomaría la pose erguida y la falsa prepotencia. 

Se apartó con cuidado pero con la rapidez que acompaña a la vergüenza. Las lágrimas fueron enjugadas sin delicadeza y la sonrisa, que intentaba camuflar el momento, no fue más que una fina duda. Aunque la incertidumbre seguía nublando su vista, un pequeño beso en la frente atenuó levemente aquello que quemaba. 

Alzó la vista para apreciar una mirada llena de luz: preocupada, reflexiva y positiva. Azoraba aguantar la mirada un par de segundos, pero cada vez que intentaba echar la vista a un lado, una serie de palabras frenaban el acto. Frases breves, fuertes y rápidas que llevaban las pulsaciones al crescendo. Aun con las desconfianza de no conocerse a uno mismo, la esperanza porque las palabras fuesen ciertas incitaban a la sonrisa. 

Detalles fugaces, simples miradas y besos en la fría punta de la nariz. 

sábado, 30 de noviembre de 2013

Risueña incertidumbre

Ese "no se qué, que qué se yo". Una oleada de sentimientos que te hacen mordisquear el labio tanto por nerviosismo, como por ilusión. Una risueña incertidumbre de "¿Qué gran sorpresa me deparará mañana?".

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Un banco

Un banco solitario ha visto más sonrisas, suspiros y llantos de los que tú has sido consciente.  
Un banco apartado, resguardado del bullicio cotidiano ha sostenido a los más desdichados y celebrado con los más dichosos.
Un banco enmohecido ha sido un lugar de reunión, al igual que el lugar de encuentro.
Un banco destruido es un recuerdo para muchos.

martes, 19 de noviembre de 2013

Dormir

Desconectar. Apagar el interruptor y ralentizar el proceso mental. Frenar la sensación de agobio que produces sobre ti mismo. Silenciar las abarrotadas calles de tu cabeza. 

miércoles, 6 de noviembre de 2013

¿Se puede hacer sal de arroz?

"Claro que si, igual que se hace vino de arroz"
Lo dudaba bastante. A pesar de la desgracia que parecía sentir, se rió. Interiormente, pero lo hizo. Frunció el ceño y negó con la cabeza, como quien reniega de una estúpida batalla. Empezó a recapitular desde cuándo se había sentido tan mal. ¿Desde cuándo llevaba anhelando tal sarta de tonterías? Y a pesar de que quería más sonrisas, le daba miedo poder subir el ánimo. 



"Debió hacer caso a su primer impulso de no coger el tren, cuando los ojos comenzaban a escocer en la estación. Quizá tenía que haber escuchado el último: 'No, no te vayas ahora' que invadió su cabeza mientras ponía el pie en el escalón. Casi se sintió estúpida al arrancar el tren y pensar: '¿Qué estoy haciendo aquí?' Por fin, aunque un poco más tarde, se precipitó del tren en la siguiente parada para dar media vuelta. El encuentro de miradas solo supo a derrota.

Ya no sabía cuanto tiempo transcurría, solo que a cada segundo que recibía de su tiempo se tenía más y más hundida. Todo cuanto callaba, todo cuanto no era capaz ni de decirse a si misma salió a la luz. La escuchó, la llenó con palabras que quería que fuesen sinceras y la trataba con tal cariño que se podía decir que la atesoraba. Pero aunque las palabras y los afectos llegasen, cada vez negaba con más fuerza todo aquello. Cuanta más suavidad percibía, más estallaba por dentro.

Lo malo de dejarte querer por unos instantes es lo duro que parece todo. Cuando te acostumbras a las espinas todo parece normal y eres más indiferente. Sin embargo cuando has estado entre algodones, al volver a pisar las derruidas calles... que ausente parece todo. Estático, infranqueable y cruel; todo parece magnificarse. No podía con más abrazos, no quería ser querida. Era tan bueno que resultaba doloroso. Comenzó a hablar, como quien vomita palabras. Se sinceró, más consigo misma que con su interlocutor. Era un remolino de ideas ficticias que se había impuesto a si misma. Palabras más duras que cualquier análisis ajeno. Se sentía débil, muy cansada, como es normal en un momento de revelación tan crudo.

Como si nada, de pronto, llegó algo que le hizo gracia. Soltó una risita nerviosa y dijo que ya bastaba. Debía cambiar, avanzar, mejorar solo por aquellos que dejaba de lado, porque no había podido con todo lo que le ofrecían. Aunque siguió pensando en todo lo que la había atormentado, pudo descansar tranquila. Leyó de forma intermitente mientras miraba a la otra persona trabajar, comió para recuperar algo de las fuerzas perdidas y tuvo una función privada de sombras chinescas. Se durmió abrazada al calor de la felicidad y con las risas ajenas, en la memoria de sus oídos."

Cerró la libreta y miró por la ventana. ¿Cómo se había dejado llevar de aquel modo? ¿Cuánto rato llevaba escribiendo? Le dio igual. Al poco rato volvió a abrirla, tan solo para poner, a modo de culminación:
"Ojalá. Ojalá todos los miércoles supieran a zumo de piña y sobaos en la estación."

sábado, 2 de noviembre de 2013

¿Qué es la vida mas que un "lo que echo en falta, perturba y hace estar en calma"?